El dios de la musica
No es difícil darse cuenta de que la música es sumamente influyente en nuestra generación, tal como lo fue en los días de Noé. Tampoco es difícil advertir que la música se está usando para expresar todo tipo de ideas, argumentos, sentimientos y valores contrarios a Dios, tanto hoy como en aquellos días.
El mundo actual está seriamente inclinado hacia el entretenimiento. Hoy en día son más reconocidos, admirados y remunerados quienes se dedican a entretener que quienes se dedican, por ejemplo, a educar o a sanar. Actores, deportistas y músicos se cuentan entre los hombres y mujeres mejor pagados de nuestro tiempo.
También es un hecho de que la música mueve al mundo de hoy. Es clarísima la influencia de los músicos, que pueden pronunciarse mediante la música sobre cualquier cosa que deseen. Y así lo hacen, atiborrando los oídos de la gente de sensualidad, con canciones llenas de sexo ilícito, promoción de las drogas, de la rebeldía, de celos, adulterio, violencia y muerte. Nunca como ahora los músicos tienen para sí una plataforma desde la que pueden opinar aún desde la ignorancia sobre cualquier asunto, y no son pocos los que siguen sus disoluciones. Y así, se vuelven soberbios, autosuficientes, llegan a sentirse dioses.
Pero esto no ocurre sólo con los músicos mundanos. Debo decir con tristeza que el espíritu de la música del mundo ha invadido ya a la iglesia de Jesucristo. Nunca como ahora la música cristiana había tenido tanto auge e influencia en la gente. El de la música se ha convertido frente a nuestros ojos en el ministerio más codiciado, entre otras cosas porque es la base de un negocio que produce millones de dólares en ganancias.
Es impresionante ver que los músicos cristianos ganan cuantiosas sumas, que contrastan groseramente con lo que puede tener un maestro de la Palabra o un misionero para su sostenimiento. Y la iglesia de hoy los aclama y les brinda trato especial, los mejores hoteles, vuelos en clase ejecutiva, si no es que los ve llegar en un jet privado y custodiados de guardaespaldas (¿a qué le temen?)
Hoy en día hay cada vez más conciertos cristianos… y cada vez menos enseñanza de las Escrituras. Simplemente compare el número de conciertos y actividades musicales emanadas de la iglesia con el número de seminarios dedicados a la Palabra. La diferencia es abismal. Aún se ha dado el caso de que reconocidos evangelistas están usando un extenso programa musical de hasta dos horas en sus campañas, luego del cual predican apenas unos quince minutos.
Y peor aún, los músicos cristianos están diluyendo el mensaje de la cruz de Cristo, que es ofensivo al mundo, con tal de agradar al mundo. Cada vez se canta menos de Jesús o hasta se omite su nombre, cada vez menos del pecado, del arrepentimiento, de la sangre de Cristo. Algunas canciones supuestamente cristianas llegan a ser tan superficiales que podrían parecer simples canciones de amor entre un hombre y una mujer o, aún peor, entre homosexuales.
Y ahí los tenemos en la radio, en la televisión, en el internet, músicos cristianos hablando sin la menor idea sobre ecumenismo, sobre política, sobre la situación social de tal o cual nación, aún adjudicándose por su propia cuenta el título de voceros de la iglesia cristiana latinoamericana y olvidando su papel como ministros del Evangelio, de Cristo.
Como en los días de Noé, los músicos están cada vez más entregados a la industria del entretenimiento, a darle placer a sus propios sentidos y a los de sus seguidores, a la sensualidad, en lugar de usar la música para lo que fue creada, esto es para darle gloria a Dios, para estar y para conducir a los creyentes a Su presencia.
Es claro: Satanás, el ángel musical por excelencia, ha logrado hechizar a la iglesia. Ha logrado que la música se use como un fin en sí mismo, por lo que muchos se están dedicando a ella en lugar de dedicarse al Señor. Se ha perdido de vista que la música es apenas un medio a través del cual se llega al fin que, en el caso del creyente, es adorar a Dios en total rendición.
Es una vergüenza: el cristianismo de hoy parece girar alrededor de conciertos, en torno a cantantes que simplemente endulzan el oído de sus seguidores con letras “positivas”, y van por el mundo invitando a la gente a ¡divertirse! ¡Y muchos van en pos de ellos, haciendo fiesta alrededor de esos becerros de oro que se han fabricado!
¿Por qué ha ocurrido todo esto? Simple: porque ya lo anunció el Señor, porque nuestros días son como los días de Noé. Mas de esto también ya se expresó nuestro Dios:
Am. 5:21 Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas.
En la Traducción de Lenguaje Actual dice más claramente:
Am. 5:21 ¡Yo aborrezco sus fiestas religiosas! ¡No soporto sus cultos de adoración!
Y agrega, según la versión Reina Valera 1960:
Am. 5:22 Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados.
Am. 5:23 Quita de mí la multitud. (del hebreo jamón, esto es ruido, bullicio) de tus cantares,(del hebreo sur, que da la idea de pasear o deambular tocando instrumentos musicales) pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos (esto es, los cantos que entonas con tus instrumentos).
Am. 5:24 Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.
Y aún más:
Am. 6:3 Oh vosotros que dilatáis el día malo, y acercáis la silla de iniquidad.
Am. 6:4 Duermen en camas de marfil, y reposan sobre sus lechos y comen los corderos del rebaño, y los novillos de en medio del engordadero;
Am. 6:5 gorjean (de parat, que significa esparcir palabras, parlotear o tararear) al son de la flauta, e inventan (de kjasháb; que es tramar, por lo general en un sentido malicioso) instrumentos musicales, como David;
Am. 6:6-7 beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos; y no se afligen por el quebrantamiento de José. Por tanto, ahora irán a la cabeza de los que van a cautividad, y se acercará el duelo de los que se entregan a los placeres.
El origen y el fin de todo ello es claro en Isaías, de suma maldad proviene y a la destrucción se dirige:
Isa 14:11-14 Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán. ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.
Que en la versión Palabra de Dios para Todos (PDT) se lee así:
Isa 14:11-14 Al lugar de los muertos vino a parar tu orgullo y la música de tus arpas. Allí te espera tu cama de gusanos y tu cobija de lombrices. ¡Qué caída tuviste desde los cielos, lucero de la mañana! Tú que conquistaste las naciones, ¡cómo caíste derribado por el suelo! Tú que decías: «Subiré al cielo, levantaré mi trono sobre las estrellas de Dios. Visitaré la montaña donde los dioses se reúnen, allá en las laderas del Safóna. Subiré bien arriba, por encima de las nubes más altas y seré como el Altísimo».
Qué pena es ver que muchos de los que se dicen músicos cristianos estén tratando, precisamente, de conquistar las naciones, pero no para Cristo, sino para sí mismos, para sus empresas, para hacer seguidores suyos. Estos, que conquistan para sí la gloria que a Dios le corresponde y aún se deleitan en que el mundo los premie, aún serán derribados por el suelo si no proceden al arrepentimiento.
Concluimos pues que en los tiempos de Noé la música llenaba la vida de la gente, usada ésta para el gusto y el esparcimiento, para los deleites temporales de la carne y el pecado, en medio de una generación absolutamente alejada de Dios.
Y que nuestros días son como aquellos: hoy la música mueve al mundo, tanto fuera como dentro de la iglesia, donde tristemente ha desplazado aún a la predicación del Evangelio. El espíritu musical del ángel caído no sólo controla al mundo, sino que también ha invadido ya claramente a la iglesia.
Por:
Chuy Olivares, Casa de Oracion Mexico
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